Archive for the ‘Literatura’ Category

Hoy toca de esa, Germán.

03/09/2010

Ayer nos asaltó una noticia triste. Habrá sucedido casi al terminar mi jornada laboral, sin embargo no supe nada hasta que, habiendo llegado a mi casa, dispuesto cómodamente en el sofá, sonó mi teléfono celular. -¿Quién crees que se murió? – me preguntaba súbitamente y sin saludarme un Marcos de voz triste, -¿Quién?- pregunté yo como quien no quiere recibir respuesta, después de todo nunca me ha sido fácil recibir noticias avisando la partida de alguien, – Germán Dehesa-, respondió Marcos. “Maldita sea”, pensé. Hablamos unos minutos sobre ello, lamentándonos, después sólo colgamos.

Germán Dehesa nos acompañó con su inagotable agudeza durante largos años. Si bien, no tuve la oportunidad de leerlo a diario, siempre que lo hice tuve la certeza de que detrás de su columna, La Gaceta del Angel, estaba Germán, cual ángel de la guarda de prominentes orejas y escaso cabello, ocupado en compartir su particular y siempre atinada visión de la realidad mexicana, y haciendo con fuerza lo propio para evitar que a este país se lo cargara el demonio (o Montiel, o Elba Esther, que son para acabar pronto, la misma cosa), comprometido siempre con aquellas causas que requerían la atención y la suma de todos.

Pero nadie es eterno, como bien lo sabía Germán cuando apenas el 25 de Agosto pasado, en su columna, nos hizo saber que estaba enfermo de cáncer y que le quedaba ya poco tiempo de vida. Tal vez no pensó que era en realidad muy poco tiempo el que le quedaba, tan poco, que apenas una semana después de tan triste confesión, estaría despidiéndose definitivamente de su casa de piedra y flores, y así de todos nosotros.

Por lo pronto acá nos quedamos un rato más, mientras se pueda. Seguramente en ausencia de Germán tendremos que ser muchos los mexicanos que continuemos haciendo esa pregunta que él lanzó incansablemente al final de cada una de sus columnas. Hoy toca de esa, querido Germán.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCCCXCIII (1893)

MONTIEL

 

 

La autopista del Sur, reflejos de Cortázar en China

30/08/2010

Hace muchos años leí “La autopista del sur”, de Julio Cortázar, que forma parte de su libro de cuentos “Todos los fuegos el fuego”, publicado en 1966. Recuerdo ese cuento como si lo hubiera leído hace unos días: esa historia de un colosal embotellamiento en la autopista que desde el sur llegaba a París (supongo que es la actual A6), en donde el ingeniero del Peugeot 404, la muchacha del Dauphine, las monjas del 2HP, los antipáticos chicos del Simca, entre muchos otros, tejen lo que pareciera una fantástica historia  durante la espera en los largos días que aquel embotellamiento genera y que les obliga a resolver situaciones caóticas, entre las que están organizar el surtimiento de alimentos organizando expediciones de exploración o siendo víctimas del abuso de los lugareños quienes aprovechan la vulnerable situación de quienes no pueden hacer avanzar sus vehículos por lentos y largos días, la creación de grupos o clanes, como pequeñas colonias encargadas de la supervivencia de aquellos a quienes agrupan, y las luchas que se generan entre ellas, así como muchas otras que sólo la imaginación cortazariana nos podría haber regalado.

Sin embargo, la semana pasada, experimenté una maravillosa alegría de cronopio, cosa rara siendo yo un perfecto fama, cuando el reconocido fotoperiodista mexicano, Ulises Castellanos, compartió una nota de la agencia AP con el siguiente título: “Colosal embotellamiento en China podría durar semanas” (haga click en la liga anterior para leerla). Si bien no era Francia, la similitud y los detalles paralelos de ambas historias me dejó felizmente atónito: evidencia de la “otredad” que se expresa en lo que los famas llamamos realidad.  Estoy seguro que Julio hubiera estado bailando tregua y bailando catala de haber leído esta nota de AP, más aún, al darse cuenta de que el enorme embotellamiento de 100km que inició hace unas 3 semanas  en China había tomado lugar también en un mes de Agosto, tal y como sucede en su cuento…

“…Tal vez el soldado consiguiera una ración de agua, que había escaseado en las últimas horas; de todos modos se podía contar con Porsche, siempre que se le pagara el precio que pedía. Y en la antena de la radio flotaba locamente la bandera con la cruz roja, y se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.” (fragmento final de “La autopista del sur”, Julio Cortázar).


Papeles Inesperados

09/07/2009
Si hay alguien que realmente creía en fantasmas, como nos lo platica Ignacio Solares, fue Cortázar. Ese entrañable Julio que se mantuvo desde siempre cerca de nosotros, bajo nuestros brazos, en los libreros, bajo la lamparita cerca de la cama, se aseguró antes de morir (¿morir?) de que su fantasma no nos abandonara jamás.
Como enormísimo cronopio que era (sí, más aún que Louis Armstrong), y sumergido en el más hermoso y natural desorden, dejó guardada para todos los que aquí seguimos (sin distinguirnos comos famas, esperanzas o cronopios), una sorpresa que nadie hubiera jamás imaginado. Y digo que nadie, porque como enorme cronopio que Cortázar era, esta sorpresa fue segurmente el fruto del más metafísico de sus descuidos: ¿a quién podía ocurrírsele dejar este mundo (¿dejar?) olvidando una cómoda repleta de papeles inéditos que van desde historias de cronopios, cuentos, capítulos descartados de algunos libros, ensayos políticos, autoentrevistas, etc., hasta el día en que, hace unos 3 años, aquellos papeles se revelaran (o rebelaran) a su esposa, para que ella nos regalase este Abril un maravilloso libro que lleva por título Papeles Inseperados? Yo acabo de recibir el mío, y como todos los cronopios, famas y esperanzas del mundo, estoy estúpidamente feliz.
No hay nada más cierto que el agitar de papeles, las ventanas abriéndose inexplicablemente, las sombras detrás de la puerta y los sonoros golpes a la vieja cómoda aquella llena de papeles inesperados en la casa de París, fueron provocados por el alegre fantasma del más enorme de todos los cronopios: Julio Cortázar.

09/01/2009

Sueño tan real como la piedra en que descansa,

sueño quemante desde el oprobioso olvido,
rígido sueño, impenetrable, incierto,
fuga de todos.

Descobijado sueño,
-para el páramo no hay sombra suficiente-,

sueño desierto.


Foto:  Humberto Meza.






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