Madurez social = transformación y futuro

La inmensa masa terrestre continúa sobre su incansable giro cotidiano. En sus entrañas atestiguamos el transcurrir de un tiempo que no termina de regalarnos la verdadera madurez, esa que debiera significar transformaciones verdaderas y profundas para el bienestar y el desarrollo de las sociedades. Pareciera a veces que todo en el universo se mueve, menos nosotros, ensimismados desde nuestro origen inmemorial en nuestros propios e inmediatos pasos, dejando en manos del olvido todo aquello que da forma y sustancia al camino que venimos recorriendo. Pero, ¿quién sabe a ciencia cierta de la mano de qué viene dicha madurez?, ¿quién que siendo testigo de la evolución del hombre y del balance que ésta ha ido arrojando hasta el día de hoy conoce esa respuesta?

Desde sus inicios, la sociedad mexicana no ha dejado de estar nunca ante constantes encrucijadas, y hoy no es la excepción. A 200 años del inicio de la guerra de independencia, persisten en este país los contrastes abismales que nos separan a unos mexicanos de otros, que nos han convertido hasta cierta medida en un país de extraños, en un país en donde es prácticamente imposible hablar de unidad nacional, y esto por la sencilla razón de que no existe un proyecto de nación, una visión alrededor de la cual los mexicanos nos identifiquemos y por la cual trabajemos arduamente como sociedad; seguimos siendo un país lleno de islas (excepto cuando juega el Tri, lamentablemente, y habría que ver).

Hace una semana, al visitar la solitaria tumba de Don Porfirio Díaz en el tranquilo cementerio de Montparnasse de París, me di cuenta que hace ya más de 100 años que este país no ha tenido la capacidad de construir un proyecto claro de nación, ya que, con sus virtudes y defectos, fue el de  Díaz el último gran proyecto nacional que este país vio y experimentó, con una trascendencia que rebasó generaciones. A la distancia, y dejando a un lado los fanatismos postrevolucionarios, es más fácil ver que muchos de aquellos hombres que vivieron y lucharon durante el siglo XIX tuvieron una visión mucho más clara del México que querían, de la mano de una determinación inmensa, la que les permitió crear transformaciones sobre las cuales esta nación ha ido, para bien o mal, creciendo.

Pero hoy somos nosotros, la sociedad mexicana, los responsables de que este país tenga un proyecto claro de futuro, y esa visión no está en ningún otro lado más que entre los mismos ciudadanos, aquellos que saben que este es un tiempo de definiciones y que estén así mismo dispuestos a asumir la enorme responsabilidad que tienen de cara al futuro. ¿No dicen que el maná no cae del cielo?, mucho menos entonces caerá de los partidos políticos, de las cámaras, y probablemente tampoco del poder político en cualesquiera de sus múltiples expresiones. Pero esto hay que entenderlo bien, pues todavía hay quienes piensan que el rumbo del país es responsabilidad de otros antes que nuestra, y será entendiéndolo que probablemente empecemos a transitar sobre un camino de madurez, de transformación y de futuro.

foto: humbertoadriano

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