Apresando la Conciencia en Cuba y en México

¿Qué acciones estaríamos dispuestos a tomar si se nos negara la libertad a la que tenemos derecho por no estar de acuerdo con algo?, ¿hasta dónde llevaríamos tales acciones?, ¿pasaría por nuestra cabeza sacrificar la vida propia en aras de conseguir la libertad de otros? Seguramente estas preguntas nos suenan hoy como fuera de lugar e incluso de época para quienes podemos preciarnos de haber gozado y de gozar de la libertad como un derecho humano básico e irrestricto practicamente desde que tenemos memoria. Incluso el pensar en respuestas a estas preguntas nos resulta difícil pues no sabemos bien a bien si con ellas estamos pisando el terreno del banal romanticismo o de la mera irrealidad.

Sin embargo sabemos que hoy en día hay quienes sí viven este dilema y que incluso han optado por poner en riesgo su propia integridad física para reclamar el más básico respeto a sus derechos, y me refiero como ejemplo al caso del periodista cubano Guillermo Fariñas, también conocido como Coco, quien optó por una huelga de hambre la cual lo tiene hoy en un estado de salud considerado ya de gravedad. Coco Fariñas inició su huelga de hambre después de la muerte del prisionero Orlando Zapata Tamayo, quien murió después de haber pasado 85 días también en una huelga de hambre. Las razones de Coco Fariñas, y de Orlando en su momento, tienen que ver con el daño que están sufriendo los presos políticos en las cárceles de Cuba, bajo la tutela del gobierno de aquel país. Prisioneros de Conciencia. Personas que fueron encarceladas por tener y sostener abiertamente una opinión diferente y crítica ante aquel gobierno. “Nadie quiere morir”, dice Coco Fariñas, “esto es un reclamo a la esencia criminal de los hermanos Fidel y Raúl Castro”. Estos hechos han logrado que gobiernos y personas en todo el mundo estén expresando su absoluto rechazo al accionar del gobierno cubano en relación a mantener en sus cárceles a prisioneros de conciencia en condiciones infrahumanas que ponen en riesgo sus vidas, reclamo al cual, como muchos más, me he sumado también.

Y sin hacer menos el caso de Coco Fariñas en Cuba, ¿para qué irnos tan lejos? Aquí en México sabemos del caso de Alberta Alcántara y Teresa González, indígenas otomíes del estado de Querétaro que fueron detenidas junto con Jacinta Francisco Marcial acusadas de haber secuestrado a 6 agentes de la Agencia Federal de Investigación (AFI) y sentenciadas bajo un proceso pleno de irregularidades, como ha sido ampliamente documentado. Si bien, Jacinta fue liberada recientemente, Alberta y Teresa siguen encarceladas, por lo que fueron nombradas por Amnistía Internacional también como presas de conciencia. Guardando las proporciones, todos estos casos de los que hablo comparten desafortunadamente el mismo fondo: injusticia o justicia mal impartida, que no es lo mismo pero es igual. Por eso también me sumo a quienes piden hoy a la Suprema Corte de Justicia de la nación, quien está ahora atrayendo este caso, que haga lo necesario para que Alberta y Teresa sean liberadas.

foto: humbertoadriano

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