Todo se transforma

Aunque siempre lo he sabido, ha sido hasta hoy, trabajando sobre unas fotografías que hice el domingo pasado, que caigo realmente en cuenta. Lo que vivimos hoy se ha tejido en urdimbres que, si bien creemos conocer, jamás lo hacemos del todo. Así es. Lo que creemos ser nuestra certidumbre del presente – abundante de información y de sus múltiples interpretaciones que a diario experimentamos – no es más que un ínfimo fragmento de todo cuanto sucede (aunque aquí no es lo más apropiado decir “sucede”, pues quiero decir  de todo cuanto ha sucedido, sucede y sucederá.  Desafortunadamente no se han inventado aún los verbos omnitemporales).

Mi amor por la Fotografía fue algo que aprendí gracias a alguien que amaba la Fotografía mucho antes que yo. Los ya lejanos días en la preparatoria me trajeron a través de Marcos mi primer acercamiento: la cámara fotográfica de tipo SLR (Single Lens Relfex) y su funcionamiento me fueron revelados con aquella Nikon F3a que Marcos atesoraba (y atesora) como nada en este mundo. Mis visitas esporádicas al cuarto oscuro del colegio, en donde Marcos pasaba horas dando clases a otros, resultaban ser siempre el acercamiento a un mundo lleno de matices surreales y mágicos: la manera en que estaban dispuestos los equipos de ese laboratorio, desde las tinas de revelado, la ampliadora, el pequeño relojito para el control de exposición, los fortísimos olores de los químicos de revelado, hasta las fotos de tantos que habían pasado por aquel laboratorio, incluso antes de nosotros, colgadas de la pared, configuraban aquel pequeño y a la vez inmenso mundo de entusiastas alquimistas de la luz.

Algunos años después llegó el momento en que pude hacerme de mi primera cámara SLR, una modesta Nikon FM10, con la cual inicié este maravilloso recorrido, ahora desde mi muy personal trinchera. Marcos amaba la Fotografía mucho antes que yo, y él a su vez la aprendió de alguien que amaba la Fotografía mucho antes que él: su padre. Hoy, trabajando sobre unas fotografías que hice de Marcos y sus hermanos el domingo pasado, caigo en cuenta de que lo que hago no es más que regresar aquello que recibí, de Marcos, de su padre. Ahora me toca a mí.







“…Cada uno da lo que recibe

y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma…”



(estribillo de la canción “Todo se transforma” de Jorge Drexler)
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Una respuesta to “Todo se transforma”

  1. Marcos Algara Siller Says:

    ¡Aquí, aquí! señalando el corazón. Así me movió tu post. Gracias.Nota insignificante: la cámara era y es Nikon F3a.

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