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Agendas legislativas ‘al son de la negra’**

22/02/2011

Si usted quiere saber qué se siente enfundarse en un traje de mariachi y entonar con potente voz aquella popular canción que dice: “a todos diles que sí, pero no les digas cuándo, así me dijiste a mí, por eso vivo penando”, pero ni traje de mariachi tiene, ni mucho menos una voz potente, lo único que tiene que hacer es darse a la tarea de revisar las agendas legislativas de cualesquiera de los congresos en México.

Escoja al azar. Si lo prefiere, su congreso local para empezar, o si amaneció con ánimo cosmopolita, aventúrese entonces a revisar las agendas legislativas de congresos de estados diferentes al suyo o incluso las de los partidos representados en la Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión. Verá usted indistintamente que lo que es entendido como agenda legislativa a lo largo y ancho del país es en el mejor de los casos una lista de temas o acciones potenciales sin el más básico ingrediente de cualquier agenda: una calendarización clara.

Sin una calendarización, todo plan, toda acción potencial corre el riesgo de diluirse en nada. Sin plazos claros, ¿cómo puede un legislador esbozar el más básico plan de trabajo, establecer prioridades y enfocar esfuerzos y recursos -nuestros recursos, por cierto- para la ejecución de cualquier tarea, proyecto, o iniciativa? ¿Cómo podemos los ciudadanos saber si un legislador, bancada o comisión están planeando su trabajo de forma que responda a lo que la ciudadanía considera prioritario?, y por ende, ¿Cómo podemos los ciudadanos discutir sobre si estamos de acuerdo o no con la priorización en la discusión de temas e iniciativas, si no existe planeación alguna?¿Cómo podemos los ciudadanos dar seguimiento a una acción en particular que haya sido propuesta al seno de un congreso?, y en última instancia, ¿Cómo medir el resultado del trabajo de un legislador si no hay un plan contra el cual evaluarlo, incluyendo la forma en la que éste utilizó los recursos que la sociedad le confió para llevarlo a cabo?

Un dato duro: sólo el 31% de los congresos locales en México (10 de 32)* informan en sus portales de internet sobre algún tipo de agenda legislativa, ya sea de los partidos representados, o por comisiones, o como legislatura en conjunto. Sin embargo, las agendas legislativas disponibles son listas de los temas que quien las propone desea abordar en algún momento; en otras palabras, son puros buenos deseos.

Sobre la necesidad de tener una calendarización para los temas a ser discutidos, nos encontramos con otro dato duro, por cierto, más duro que el anterior: ninguno de los congresos locales en México se ha dado a la tarea de hacer una calendarización para trabajar los temas que su agenda legislativa propone. Lo que en poquísimos casos puede encontrarse como calendarización está más bien relacionado con la programación de las reuniones de algunas comisiones, pero con mínimo detalle o sin él sobre los temas a discutir, y en donde la visión de más largo plazo que puede encontrarse es de un mes, y esto, en el mejor de los casos. En resumen, escasas agendas legislativas y nula planeación.

Trasparentar la planeación de las discusiones a realizarse al seno de los congresos nos permitiría a los ciudadanos un mayor involucramiento, al mismo tiempo que se estaría limitando la discrecionalidad a la hora de definir qué se discute (¿congelando a la congeladora legislativa?). Por eso creo en la necesidad de que todos los congresos en nuestro país –incluyendo la Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión– deben darse a la tarea de crear agendas legislativas en las cuales se determine con claridad las fechas para el análisis, discusión y toma de decisiones sobre los temas, iniciativas o proyectos incluidos en éstas. Dejemos atrás pues las agendas legislativas interpretadas al son de la negra: cuando nos digan que sí, que mejor nos digan cuándo.

* Los estados cuyos congresos despliegan algún tipo de agenda legislativa en sus portales de internet, son: Colima, Jalisco, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tlaxcala y Tabasco.

**Artículo publicado el 22 de Febrero de 2011 en El Blog de DHP, en Animal Político.com

Sobre la participación ciudadana*

01/02/2011

¿Qué actitud debemos tomar los ciudadanos de a pie ante la realidad que día a día desfila frente a nuestras atónitas miradas, y que lejos de mostrar indicios de mejora más  bien pareciera moverse hacia insondables abismos?, ¿quejarse o proponer?, ¿echar de  gritos o construir a través de la discusión?, ¿ser espectadores o aventarse a poner manos a la obra, involucrarse pues? La respuesta parece obvia, pero deja de serlo cuando revisamos los datos que arrojan estudios que analizan la opinión de los mexicanos respecto a la necesidad de la participación ciudadana en la transformación del país.

El artículo “Cultura Política, participación ciudadana y consolidación democrática en México”, de la Universidad de Guadalajara, detalla que según los datos del informe Encup 2003, 85.8% de las personas que fueron encuestadas no forma ni ha formado parte de una organización ciudadana. También detalla que el 56.7% de los encuestados considera que es difícil organizarse. Por otro lado, el 56.4% de los encuestados considera que los ciudadanos poco o nada pueden influir en las decisiones del gobierno, y un 53.7% cree que los ciudadanos poco o nada pueden influir en la vida política nacional, o de plano no saben si pueden hacerlo. El estudio también explora el desinterés de los mexicanos por el debate sobre asuntos políticos en donde el 64.3% de los encuestados dijo no prestar atención o abstenerse de participar en discusiones de esta naturaleza.

Si bien estudios como el anterior nos hablan de una sociedad mexicana poco identificada con la idea de participar, ya sea porque se considera que organizarse alrededor de causas comunes es complicado o que la participación ciudadana poco o nada puede hacer para dar y cambiar el rumbo al país en conjunto con quienes toman decisiones en los aparatos de gobierno, aunado lo anterior al desinterés en torno a temas políticos, también es cierto que la solución de los grandes problemas nacionales debe involucrar de forma activa a la sociedad.

Pretender que las soluciones a los grandes problemas nacionales provengan de un sector en particular es un mero sueño y una pérdida de tiempo, sin querer decir con esto que quienes lideran los gobiernos estén exentos de la responsabilidad que la sociedad les ha conferido. Más bien, quiere decir que la implicación organizada y responsable de los diversos sectores de la sociedad es y será siempre necesaria para generar mejores condiciones de desarrollo para nuestro país, y sí, como también es y será necesaria para generar mejores gobiernos.

 

*Publicado el 1 de Febrero de 2010 en El Blog de DHP, en Animal Político.com


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